Se centrará sobre todo en la pronunciación. Un error en ésta casi siempre perjudica la comunicación más que confundir conceptos gramaticales como, por ejemplo, el Present Perfect y el Past Simple. En este sentido es preferible decir una frase incorrecta como “I live here since five years”, pero con una pronunciación inteligible, que construir la frase correctamente como “I have lived here for five years”, pero con errores de pronunciación. (Siempre que nuestra prioridad sea comunicarnos con efectividad: evidentemente, en un examen de gramática sería importante construir las frases con el tiempo verbal que corresponde).

La fonética: 20 sonidos y un “schwa”

El español es un idioma fonético. Las vocales se pronuncian como suenan. La “a” siempre es un “a” y la “u” siempre es un “u”. Lógicamente los hispanoparlantes intentan aplicar el mismo sistema al inglés. Pero no funciona. De hecho, si pronunciamos palabras inglesas como si fueran españolas el efecto es que el 80 % de lo que decimos resulta incomprensible, lo que complica mucho una conversación y convierte una presentación en un desastre.

Dominar el uso de la fonética requiere tiempo y estudio. Uno de los problemas principales es que el español tiene solo 5 sonidos vocales, comparado con el inglés que tiene 12 vocales y 8 diptongos. Así que para pronunciar bien el inglés hay que pronunciar sonidos que no existen en el español.

No sólo la misma letra o grafía se pronuncia de manera distinta en diferentes contextos. También hay sonidos que resulta muy complicado distinguir para hispanoparlantes. Por ejemplo, diferenciar vocales cortas como la “ʊ”, que ocurre en palabras como “put” o “book”, y vocales largas como “u:” que empleamos en “food” o “new”. Lo mismo ocurre con el “i” corto en “hit” y el “i:” largo en “heat”.

También puede ser difícil reconocer y pronunciar una vocal importantísima en el inglés que se llama “schwa”. Este sonido corresponde con el fonema “ə” que empleamos en miles de palabras, como por ejemplo en la primera silaba de “about” o la última silaba de “sofa”: no es una “a” ni una “e”, sino algo entre las dos. Veremos que el schwa también juega un papel fundamental en el ritmo de voz en inglés.

La solución consiste, primero, en concienciarse del problema, y segundo, en aprender la fonética en inglés. Algunos fonemas nos resultarán más complicados que otros, pero el primer paso consiste en abandonar la noción de que se puede pronunciar vocales en inglés como si correspondiesen a las mismas vocales en castellano. Este esfuerzo nos dará muchas recompensas a largo plazo. No hace falta dominar todo el alfabeto fonético. Se pueden conseguir avances importantes si rectificamos algunos malos hábitos. Sobre todo debemos fijarnos en las palabras que son importantes en nuestro uso diario. El siguiente vídeo nos ayudará a comenzar.

Ejemplos de pronunciación de vocales en inglés. English Language Group.

Énfasis silábico

El mismo problema se plantea con el acento silábico. Desafortunadamente las palabras “amigas” como opportunity, objective y strategy por ejemplo, casi siempre tienen un énfasis diferente en inglés (oportunidádopportúnity). Si pronunciamos una palabra en inglés con el acento que tendría en el español, de nuevo convertimos nuestras palabras en sonidos incomprensibles, igual que no entenderíamos a un extranjero que pronuncia “ventána” acentuando la última silaba (ventaná).

Así que no es suficiente reconocer una palabra y aprender su significado. Hay que saber pronunciarla. Esto no es cuestión de tener “acento español”. Tener un acento es seña de identidad y además casi imposible de evitar. De lo que se trata es de poder comunicar y de que nos podamos entender.

Ritmo de voz

Si ya estamos prestando atención a los dos temas anteriores habremos hecho un recorrido importante. Pero si pretendemos comunicar en inglés de manera eficaz y, sobre todo, si vamos a hablar en público, tenemos que prestar atención al ritmo de voz. Y curiosamente el español y el inglés tienen ritmos distintos.

En general el español tiene un ritmo constante con el mismo énfasis en cada palabra. Por el contrario el inglés pone mucho más énfasis en algunas palabras y sílabas que en otras. Por eso a veces la comprensión oral es difícil, ya que el orador parece “comerse” palabras enteras.

En inglés usamos el énfasis para comunicar significado. Como norma general, ponemos mucha más acentuación en las palabras de contenido, es decir, en las palabras que son importantes en una frase para comunicar nuestro mensaje.

Casi nunca ponemos énfasis en preposiciones, pronombres, o artículos, salvo en casos muy concretos, por ejemplo cuando queremos contrastar dos pronombres: “It’s not his bag, it’s HER bag”. Pero en general no ponemos énfasis en palabras “gramaticales.” Así que “Do you want a coffee? se pronuncia como “Dyawanna coffee? porque “coffee” es la única palabra de contenido importante en esta frase.

No solo hacemos más hincapié en las “palabras de contenido”, sino que cuando hablamos con un ritmo de voz natural también restamos importancia a palabras que no son imprescindibles para comunicarnos. Así que palabras como “can”, que se suele pronunciar con un “æ” corto como “man” o “bad”, cambian de pronunciación en una conversación normal empleando el schwa “ə”. Lo mismo ocurre con muchas palabras que no son de contenido como “the”, “but” y “them”.

Este énfasis sobre algunas palabras es lo que confiere al inglés su ritmo particular. Si empleamos el ritmo constante del español al inglés sonaremos monótonos, y será difícil entendernos, algo no deseable en una situación social, pero verdaderamente desastroso en una presentación. Una manera de practicar esto es prestar atención a diálogos en inglés y escuchar, no solo para la comprensión, sino también para identificar el énfasis en las distintas palabras en una frase. Esta es una destreza difícil pero imprescindible para comunicar al más alto nivel. Por el momento sería un gran paso adelante si empezamos a poner más énfasis en las palabras claves e intentar poco a poco imitar el ritmo.

Entonación

¡Es falso que se suba la entonación de las preguntas en inglés! No hace falta, porque, al contrario de lo que sucede en español, en inglés sabemos si una frase es una pregunta o no por su estructura (“Can you drive?” en lugar de “You can drive”). A veces subimos la entonación en medio de una frase para indicar que no hemos terminado, y también para expresar incertidumbre. Si subimos constantemente la entonación en inglés resultará un poco raro. Así que una pregunta estándar como “Where are you from?” mantiene una entonación plana. Hay acentos regionales, como en California, donde sí hay una tendencia de subir la entonación al final de cada frase, incluso con frases afirmativas, pero debemos abandonar el hábito de subir automáticamente la entonación cuando veamos una interrogación.

Dimensión cultural

Cada idioma tiene su propia dimensión cultural. Si traducimos literalmente del español al inglés pareceremos muy directos e incluso a veces agresivos. Por ejemplo, en general el imperativo en inglés solo se usa para dirigirnos a niños pequeños, perros, y rangos inferiores en el ejército, aunque es cierto que el inglés americano es más directo que el británico. Así que “Can you please be quiet?” se emplearía mucho más que “Shut up!”, a no ser que nuestro propósito sea precisamente ser agresivos.

A la hora de expresar opiniones, el inglés tiende a usar lenguaje mucho más tentativo que el español y con más ambigüedad. Si vamos a emplear el inglés en reuniones, negociaciones, o incluso en situaciones sociales tenemos que dominar las frases apropiadas para distintas situaciones, que casi nunca son traducciones literales del español. Si queremos expresar desacuerdo, un simple “no” nos puede retratar como personas bordes y maleducadas. Un desacuerdo fuerte podría ser “I disagree” casi siempre empleado con la frase “I’m afraid.” También es común “I see your point of view but…”. El descuerdo vendrá después de la palabra “but”.

Puede parecer que el inglés se complica bastante con estos conceptos. Sin embargo, si los aplicamos poco a poco, en breve lograremos avances notables en nuestra capacidad comunicativa. Este pequeño resumen será útil solo si tenemos en cuenta lo más fundamental: el inglés no es una serie de datos. Es una habilidad. ¡Hay que aprender a bailar!